Cuando la riqueza se convierte en poder, la democracia entra en peligro
La concentración extrema de la riqueza ya no puede ser considerada solamente un problema económico o una cuestión de justicia distributiva. Cuando el dinero adquiere una capacidad desproporcionada para comprar influencia, modificar las reglas y escapar de las mismas obligaciones que pesan sobre el resto de la sociedad, lo que está en juego es algo mucho más profundo: la supervivencia del Estado de derecho y de la propia República. Hay una pregunta que las democracias contemporáneas ya no pueden seguir postergando: ¿cuánta desigualdad puede soportar una república antes de que la concentración económica termine convirtiéndose en concentración política? La cuestión no es menor. Una democracia puede proclamar solemnemente que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, pero esa igualdad pierde contenido cuando una pequeña minoría dispone de recursos económicos suficientes para ejercer una influencia sobre las instituciones, los medios de comunicación, los mercados y las decisiones políti...