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La hipocresía de la realidad

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  La sociedad sufre, en parte, de una especie de neurosis colectiva porque acepta vivir con falsedades. No necesariamente porque todos desconozcan la realidad, sino porque muchas veces resulta más cómodo negarla que enfrentarla. Negamos aquello que nos incomoda. A veces por pereza mental; otras, porque no queremos estudiarlo, comprenderlo o asumir las consecuencias que tendría reconocerlo. Pero también existe algo más profundo: determinadas sociedades construyen mecanismos para que ciertas realidades puedan ser vistas y, al mismo tiempo, negadas. Se sabe que existen, pero se aprende a convivir con ellas sin cuestionarlas. Es una forma de normalización de la mentira. Platón ya había imaginado algo parecido en el mito de la caverna. Los hombres acostumbrados a contemplar sombras terminan tomando esas sombras por la realidad. El problema no consiste solamente en que desconozcan lo que existe fuera de la caverna: consiste en que han construido su mundo alrededor de aquello que pueden v...

La narrativa que nos enferma o nos cura: del cuerpo a la política

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  La narrativa que nos enferma o nos cura: del cuerpo a la política Hay un dato incómodo que la medicina viene confirmando desde hace décadas: una pastilla de azúcar puede curar, y una advertencia puede enfermar. No por magia, sino porque el cerebro no responde a la sustancia que ingerimos, responde a la historia que se cuenta sobre esa sustancia. Eso es el efecto placebo. Y su hermano oscuro, el efecto nocebo, funciona igual pero al revés: basta con creer que algo nos va a hacer daño para que el cuerpo empiece a producir los síntomas de ese daño, aunque el estímulo real sea inofensivo. Lo interesante no es el mecanismo bioquímico en sí —dopamina, expectativa, condicionamiento— sino lo que ese mecanismo revela sobre cómo estamos hechos: no procesamos la realidad, procesamos la interpretación de la realidad. El hecho llega después. Primero llega el marco. El cuerpo como laboratorio de lo que ya sabíamos Que la mente module la biología no debería sorprendernos tanto si aceptamo...

Solo yo el más bueno el mejor

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  Estamos viviendo una época de gran individualismo, cada vez le cuesta más a los jóvenes y adultos, encontrarse con el otro, pensar en el otro, convivir con el otro. Hoy somos desterrados voluntariamente, a la comunidad se le resta importancia.  Pero como no nos podemos quitar tan fácilmente el peso de nuestra genética, el otro pasa a ser alguien con quien compararse, los sentimientos de envidia y celos se vuelven más comunes que el servicio y la amistad. La paradoja es que mientras más se habla de los demás, más se los aleja. El chusmerío es moneda corriente, más con la carga de traumas no superados que son desplazados. Y el pensamiento hostil, una manera de interpretar la existencia, entendiendo al otro como un enemigo más que como un compatriota. Si están estudiando se quieren recibir, si están trabajando se quieren jubilar, si están en algún proyecto quieren que se termine lo antes posible, casi no se disfruta del compartir el proceso, (la vida es eso que se nos pasa mien...

Siempre

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  Siempre el ser humano buscará dominar a otros seres humanos, está en su naturaleza,  pero siempre los seres humanos dominados buscarán la manera de liberarse o de vivir bajo normas de justicia, ética y derecho, también están su naturaleza.  El grupo que tiene el poder, el capital, siempre buscará la manera de aumentarlo, concentrarlo, retenerlo, expandirlo y para legitimarse generará narrativas, simbologías, habitos, propaganda, ejemplos, películas, heroes, mecanismos de dominación con las herramientas tecnológicas del momento, como ha pasado siempre, pero siempre surgirá un grupo de resistencia ante la opresión e injusticias. Siempre habrá cipayos, vendepatrias, mezquinos, egoístas, narcisistas que por salvarse ellos están dispuestos a vender lo que sea, con tal de mejorar su situación personal, olvidando su compromiso y responsabilidad que requiere el cargo que ostentan o quizás lo hagan por sentirse elegidos, iluminados, poseedores de la verdad que con tal de llevar ...

Tener para ser

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Tener para ser. Quizás una de las grandes tragedias espirituales de nuestra época pueda resumirse en esa frase. Hemos aprendido a medir el valor de las personas por el tamaño de sus cuentas bancarias, por los bienes que exhiben, por el prestigio que acumulan o por el poder que logran ejercer sobre otros. Sin darnos cuenta, convertimos la dignidad humana en mercancía y comenzamos a creer que algunos seres humanos “valen más” que otros simplemente porque poseen más cosas. Pero esa idea es una falacia profundamente peligrosa, porque destruye lentamente la conciencia y vacía de sentido la existencia. Las personas valen por el simple hecho de ser personas. Si el hombre es imagen y semejanza de Dios, como enseña la Biblia, entonces cada vida humana posee una dignidad intrínseca, sagrada e irreductible. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”, pregunta el Evangelio. Esa frase atraviesa siglos y parece escrita para nuestro tiempo. Porque hemos construido una civil...

Universidad Pública

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  Las universidades argentinas representan mucho más que un lugar donde obtener un título profesional. Son espacios de formación humana, social, cultural y democrática. Estudiar en la universidad no solo habilita a una persona para ejercer una profesión y acceder al mundo laboral; también transforma la manera de pensar, de convivir y de entender la realidad. La experiencia universitaria enseña algo fundamental para cualquier sociedad: aprender a vivir con otros, aceptar diferencias, debatir ideas y construir conocimiento colectivo. Aprender implica atravesar procesos largos, asumir errores, tolerar frustraciones y comprender que el conocimiento no se adquiere de manera instantánea. En tiempos donde predomina la inmediatez, la universidad enseña paciencia, disciplina y esfuerzo. Esa experiencia fortalece la resiliencia, desarrolla la capacidad de argumentar, estimula la creatividad y fomenta el pensamiento crítico. La educación superior invita permanentemente a investigar, preguntar...

El instinto de vida

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  Todos tendemos al instinto de la vida, por eso comemos, trabajamos, conformamos una familia, además de la tendencia a reproducirnos para mejorar la especie. Tantos años de escasez sobreviviendo por la pradera nos hicieron desconfiados, y recordamos más las cosas negativas que las positivas. Por eso la carrera por acumular se vuelve parte del instinto de conservación de la especie, y obtener poder es uno de los caminos para asegurar lo obtenido. Pero esto en la economía actual, con fondos de inversión poderosos, corporaciones transnacionales, sociedades anónimas y monopolios, le juega en contra al propio instinto de conservación. Porque como somos animales gregarios, somos felices compartiendo con los demás para ello vivimos en comunidades, y que en esas comunidades pocos acumulen mucho, y la mayoría tenga que vivir en la pobreza se vuelve una sociedad enferma y patológica. Pero el problema aparece cuando ese impulso, que en origen era adaptativo, se traslada sin límites a una eco...