El instinto de vida
Todos tendemos al instinto de la vida, por eso comemos, trabajamos, conformamos una familia, además de la tendencia a reproducirnos para mejorar la especie. Tantos años de escasez sobreviviendo por la pradera nos hicieron desconfiados, y recordamos más las cosas negativas que las positivas. Por eso la carrera por acumular se vuelve parte del instinto de conservación de la especie, y obtener poder es uno de los caminos para asegurar lo obtenido. Pero esto en la economía actual, con fondos de inversión poderosos, corporaciones transnacionales, sociedades anónimas y monopolios, le juega en contra al propio instinto de conservación. Porque como somos animales gregarios, somos felices compartiendo con los demás para ello vivimos en comunidades, y que en esas comunidades pocos acumulen mucho, y la mayoría tenga que vivir en la pobreza se vuelve una sociedad enferma y patológica. Pero el problema aparece cuando ese impulso, que en origen era adaptativo, se traslada sin límites a una eco...