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La injusticia justificada

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Cuando la innovación tecnológica deja de ser una herramienta de la sociedad y comienza a convertirse en una fuente de poder político concentrado Hay una idea que se ha instalado con enorme fuerza en nuestro tiempo: si alguien logró hacerse extraordinariamente rico gracias a una innovación tecnológica, entonces esa riqueza sería la consecuencia natural de su talento y, por lo tanto, cualquier intento de limitarla sería casi una forma de atacar el progreso. Es una idea seductora. Pero también puede esconder una enorme confusión. Una cosa es reconocer el talento de quien desarrolla una tecnología, crea una empresa, asume riesgos y consigue que millones de personas utilicen su producto. Otra muy diferente es aceptar que, porque una persona llegó primero, pueda apropiarse indefinidamente de una porción creciente de la renta social y transformar esa riqueza en poder político, capacidad de influencia y control sobre infraestructuras esenciales. El problema no es que existan empresarios extrao...

Cecilia Rikap: la batalla por la soberanía digital detrás de la inteligencia artificial

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  La economista e investigadora argentina cuestiona la idea de que adoptar rápidamente inteligencia artificial garantiza desarrollo. Para Rikap, detrás de la revolución digital existe una nueva forma de dependencia: los países periféricos aportan datos, conocimiento, recursos naturales y trabajo, mientras unas pocas corporaciones concentran la capacidad de apropiarse de ese valor. La inteligencia artificial suele presentarse como la gran promesa del futuro. Gobiernos, empresas y organismos internacionales compiten por anunciar inversiones, instalar centros de datos y acelerar la incorporación de nuevas tecnologías bajo una premisa aparentemente indiscutible: quien llegue primero a la nueva revolución tecnológica tendrá mejores posibilidades de crecer y desarrollarse. La economista e investigadora argentina Cecilia Rikap propone detenerse antes de aceptar esa carrera como inevitable. Su planteo parte de una pregunta diferente: ¿qué tecnología queremos, para qué la queremos y quién ...

Cuando la riqueza se convierte en poder, la democracia entra en peligro

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La concentración extrema de la riqueza ya no puede ser considerada solamente un problema económico o una cuestión de justicia distributiva. Cuando el dinero adquiere una capacidad desproporcionada para comprar influencia, modificar las reglas y escapar de las mismas obligaciones que pesan sobre el resto de la sociedad, lo que está en juego es algo mucho más profundo: la supervivencia del Estado de derecho y de la propia República. Hay una pregunta que las democracias contemporáneas ya no pueden seguir postergando: ¿cuánta desigualdad puede soportar una república antes de que la concentración económica termine convirtiéndose en concentración política? La cuestión no es menor. Una democracia puede proclamar solemnemente que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, pero esa igualdad pierde contenido cuando una pequeña minoría dispone de recursos económicos suficientes para ejercer una influencia sobre las instituciones, los medios de comunicación, los mercados y las decisiones políti...

La 125: cuando discutir las retenciones era discutir qué hacer con la riqueza

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  Cada tanto vuelve la discusión sobre las retenciones al campo. Y con ella vuelve una vieja pregunta: ¿por qué el Estado debería cobrarle un impuesto a quienes producen y exportan granos? La respuesta no es tan complicada como muchas veces se pretende. En la Argentina, una parte enorme de la riqueza proviene de la tierra y de la producción agropecuaria. Pero esa riqueza no se distribuye de manera pareja. Hay grandes propietarios de tierras, sociedades agropecuarias, pools de siembra, empresas comercializadoras, semilleras, compañías de agroquímicos y grandes exportadoras. Es decir, detrás de la palabra “campo” hay realidades económicas muy diferentes. Por eso, cuando hablamos de retenciones, no estamos hablando simplemente de sacarle dinero al pequeño productor que trabaja su propia tierra. Estamos hablando también de qué hace una sociedad con una renta extraordinaria que se genera a partir de sus recursos naturales y de un mercado profundamente concentrado . Eso fue, en buena med...

La hipocresía de la realidad

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  La sociedad sufre, en parte, de una especie de neurosis colectiva porque acepta vivir con falsedades. No necesariamente porque todos desconozcan la realidad, sino porque muchas veces resulta más cómodo negarla que enfrentarla. Negamos aquello que nos incomoda. A veces por pereza mental; otras, porque no queremos estudiarlo, comprenderlo o asumir las consecuencias que tendría reconocerlo. Pero también existe algo más profundo: determinadas sociedades construyen mecanismos para que ciertas realidades puedan ser vistas y, al mismo tiempo, negadas. Se sabe que existen, pero se aprende a convivir con ellas sin cuestionarlas. Es una forma de normalización de la mentira. Platón ya había imaginado algo parecido en el mito de la caverna. Los hombres acostumbrados a contemplar sombras terminan tomando esas sombras por la realidad. El problema no consiste solamente en que desconozcan lo que existe fuera de la caverna: consiste en que han construido su mundo alrededor de aquello que pueden v...

La narrativa que nos enferma o nos cura: del cuerpo a la política

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  La narrativa que nos enferma o nos cura: del cuerpo a la política Hay un dato incómodo que la medicina viene confirmando desde hace décadas: una pastilla de azúcar puede curar, y una advertencia puede enfermar. No por magia, sino porque el cerebro no responde a la sustancia que ingerimos, responde a la historia que se cuenta sobre esa sustancia. Eso es el efecto placebo. Y su hermano oscuro, el efecto nocebo, funciona igual pero al revés: basta con creer que algo nos va a hacer daño para que el cuerpo empiece a producir los síntomas de ese daño, aunque el estímulo real sea inofensivo. Lo interesante no es el mecanismo bioquímico en sí —dopamina, expectativa, condicionamiento— sino lo que ese mecanismo revela sobre cómo estamos hechos: no procesamos la realidad, procesamos la interpretación de la realidad. El hecho llega después. Primero llega el marco. El cuerpo como laboratorio de lo que ya sabíamos Que la mente module la biología no debería sorprendernos tanto si aceptamo...

Solo yo el más bueno el mejor

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  Estamos viviendo una época de gran individualismo, cada vez le cuesta más a los jóvenes y adultos, encontrarse con el otro, pensar en el otro, convivir con el otro. Hoy somos desterrados voluntariamente, a la comunidad se le resta importancia.  Pero como no nos podemos quitar tan fácilmente el peso de nuestra genética, el otro pasa a ser alguien con quien compararse, los sentimientos de envidia y celos se vuelven más comunes que el servicio y la amistad. La paradoja es que mientras más se habla de los demás, más se los aleja. El chusmerío es moneda corriente, más con la carga de traumas no superados que son desplazados. Y el pensamiento hostil, una manera de interpretar la existencia, entendiendo al otro como un enemigo más que como un compatriota. Si están estudiando se quieren recibir, si están trabajando se quieren jubilar, si están en algún proyecto quieren que se termine lo antes posible, casi no se disfruta del compartir el proceso, (la vida es eso que se nos pasa mien...