Tener para ser
Tener para ser. Quizás una de las grandes tragedias espirituales de nuestra época pueda resumirse en esa frase. Hemos aprendido a medir el valor de las personas por el tamaño de sus cuentas bancarias, por los bienes que exhiben, por el prestigio que acumulan o por el poder que logran ejercer sobre otros. Sin darnos cuenta, convertimos la dignidad humana en mercancía y comenzamos a creer que algunos seres humanos “valen más” que otros simplemente porque poseen más cosas. Pero esa idea es una falacia profundamente peligrosa, porque destruye lentamente la conciencia y vacía de sentido la existencia. Las personas valen por el simple hecho de ser personas. Si el hombre es imagen y semejanza de Dios, como enseña la Biblia, entonces cada vida humana posee una dignidad intrínseca, sagrada e irreductible. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”, pregunta el Evangelio. Esa frase atraviesa siglos y parece escrita para nuestro tiempo. Porque hemos construido una civil...