La injusticia justificada
Cuando la innovación tecnológica deja de ser una herramienta de la sociedad y comienza a convertirse en una fuente de poder político concentrado Hay una idea que se ha instalado con enorme fuerza en nuestro tiempo: si alguien logró hacerse extraordinariamente rico gracias a una innovación tecnológica, entonces esa riqueza sería la consecuencia natural de su talento y, por lo tanto, cualquier intento de limitarla sería casi una forma de atacar el progreso. Es una idea seductora. Pero también puede esconder una enorme confusión. Una cosa es reconocer el talento de quien desarrolla una tecnología, crea una empresa, asume riesgos y consigue que millones de personas utilicen su producto. Otra muy diferente es aceptar que, porque una persona llegó primero, pueda apropiarse indefinidamente de una porción creciente de la renta social y transformar esa riqueza en poder político, capacidad de influencia y control sobre infraestructuras esenciales. El problema no es que existan empresarios extrao...