Tiroteo Escolar

 Aparecieron amenazas de “tiroteo escolar”  en varias escuelas de la República, estas amenazas deberían leerse como síntomas; no necesariamente de una violencia concreta, sino de un lenguaje que los jóvenes toman prestado de una cultura saturada de violencia simbólica: redes sociales, juegos de PC violentos, noticias constantes, películas y series violentas, modelos de resolución de conflictos basados en la agresión. En ese sentido, la amenaza no siempre expresa un deseo real de daño, sino muchas veces una forma extrema de decir: “algo no está bien”. Esto nos obliga a una pregunta incómoda: ¿Qué está fallando en la experiencia escolar o social para que ese tipo de expresión aparezca? Los equipos de orientación deberían generar espacios de diálogo, porque educar no es únicamente evitar el peligro, sino formar sujetos capaces de tramitar sus conflictos de otra manera, lo que implica enseñar a nombrar lo que les pasa, generar pertenencia, trabajar el uso de redes sociales desde la conciencia crítica. Quizás lo más importante sea no quedarse en la superficie del hecho, sino verlo como una oportunidad de repensar el vínculo educativo. Chomsky pensaría que estas amenazas son el resultado de una sociedad atomizada ya que sostiene que el sistema actual busca desmantelar las estructuras de apoyo mutuo, dejando al individuo solo frente a un mercado implacable. Cuando las instituciones fallan en proveer un sentido de comunidad y futuro, surge la violencia como una forma distorsionada de hacerse ver, sentir control o poder. Freire diría que estamos ante una manifestación de la "cultura del silencio" que se rompe de la peor manera. La violencia no nace de la nada; es el eco de la violencia opresora, hambre, falta de oportunidades, desigualdad. El joven, al no encontrar palabras para denunciar su malestar existencial, recurre al lenguaje de la dominación: la fuerza y el terror. "La violencia de los oprimidos es siempre una respuesta a la violencia de quienes los mantienen en la opresión; pero cuando esa violencia se vuelve contra sus pares, es señal de que el opresor ha sido introyectado en el alma del joven."  Inspirado en la Pedagogía del Oprimido. Frente a este síntoma, la escuela no puede ser solo un lugar de vigilancia. Debe transformarse en un espacio de pedagogía crítica y esperanza liberadora. No podemos pedirle al docente que resuelva solo lo que la economía y la política han roto. Sin embargo, la educación puede ser el lugar donde se rompe el ciclo de la "educación para la domesticación". Para evitar este síntoma, la herramienta didáctica más potente es la construcción de vínculos. Un joven que se siente parte de una comunidad, que es escuchado en sus angustias y que entiende las raíces estructurales de su malestar, difícilmente querrá destruir el lugar que le da identidad. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Retenciones, poder y desigualdad: lo que no se dice cuando se habla del campo

El oro, el silencio y la responsabilidad del Estado

¿Porque la gente suele ser zurda? según Agustín Laje