Solo yo el más bueno el mejor
Estamos viviendo una época de gran individualismo, cada vez le cuesta más a los jóvenes y adultos, encontrarse con el otro, pensar en el otro, convivir con el otro. Hoy somos desterrados voluntariamente, a la comunidad se le resta importancia.
Pero como no nos podemos quitar tan fácilmente el peso de nuestra genética, el otro pasa a ser alguien con quien compararse, los sentimientos de envidia y celos se vuelven más comunes que el servicio y la amistad. La paradoja es que mientras más se habla de los demás, más se los aleja. El chusmerío es moneda corriente, más con la carga de traumas no superados que son desplazados. Y el pensamiento hostil, una manera de interpretar la existencia, entendiendo al otro como un enemigo más que como un compatriota.
Si están estudiando se quieren recibir, si están trabajando se quieren jubilar, si están en algún proyecto quieren que se termine lo antes posible, casi no se disfruta del compartir el proceso, (la vida es eso que se nos pasa mientras hacemos planes decía Jhon Lennon) porque solo se quiere ir a el oasis de placer, a ver la pantallita con sus novedades y pequeñas dosis de dopamina, que da placer pero que hace que las personas se sientan cada vez más solas, más distanciada de los demás y a la defensiva, en estado de supervivencia. El otro pasa a ser una molestia, una interrupción, un estorbo para poder saborear alguna dosis de azúcar visual. Se prefiere vivir la vida de otros en series o películas.
Se comparten los mensajes individualistas, la lógica meritocrática, el éxito económico pasa a ser una religión, y no importa como se obtenga el dinero, la belleza una exigencia de pertenencia, la juventud la edad más deseada, donde el otro pasa a ser un medio y no un fin.
Estudios han demostrado que el uso de celular disminuye la corteza prefrontal encargada de la toma de decisiones, el control de los impulsos, la planificación y la autorregulación, o sea sea hace más difícil tener un temperamento dócil para el encuentro, además las personas se encuentran anestesiadas y adictas al uso de su móvil, su cerebro les demanda eso. Lo que es utilizado por el poder que necesita personas individuales, obedientes, obsecuentes, conectadas, acríticas, consumidoras de la información que se les enseña a necesitar como un acto reflejo.
Vivimos en estados capitalistas, donde se defiende la competencia como un incentivo a la productividad, sin embargo dejamos librada a los monopolios que se quedan con casi todo el mercado, los paraiso fiscales donde se acumulan los excedentes y empresas offshore para no pagar impuestos, los que se consideran como una arbitrarios más que como un mecanismo de distribución de la riqueza en una sociedad organizada en base al bienestar general, del afianzamiento de la justicia y consolidación de la paz. El sistema económico necesita de personas competentes que maximicen los beneficios, donde el otro pasa a ser un costo más.
Esto facilita los discursos de odio, los pensamientos reaccionarios, el culpabilizar al otro, a su etnia, por cualquier malestar, lo que luego es capitalizado por líderes que utilizan el supremacismo o el nacionalismo para aglutinar voluntades y captar votos, porque el odio es visceral, irracional, tribal, echar la culpa el pobre lo más fácil y efectivo para ganar adeptos, acostumbrados al pensamiento binario de buenos y malos, es sencillo tomar medidas que parecen razonables contra los zurdos, inmigrantes, villeros etc. En vez de simbolizar la nación con un estrechamiento de manos se lo hace con una motosierra.
Los alumnos no quieren formar centros de estudiantes, no quieren salir con sus amigos, o encontrarse a comer, porque les urge sentarse solos con el móvil en la mano a ver lo que está haciendo o diciendo el otro, a encontrarse con esa ventana de novedades algunas muy interesantes y formadoras, pero muchos adolescentes todavía no han generado el filtro para saber diferenciar lo nutritivo de la chatarra, y el algoritmo todo el tiempo les vende ideas, cosas, estilos, ideologías, les forma el pensamiento ¿y adivinen a quién beneficiaran?
Los jóvenes cada vez tienen menos tiempo para encontrarse, hacerlo virtualmente es más efectivo, más eficiente, pero no más beneficioso para el espíritu, contradiciendo a la evolución que se fue dando gracias al compartir, es curioso que sabiendo que la amistad multiplica las alegrías y divide las penas, no se tenga en cuenta esta necesidad biológica, sino que se busque únicamente el mérito personal, poder comprar ropa de marca, ir al gimnasio, mostrar el automóvil, divertirse con juegos online, lo que antes se utilizaba como medios para tener muchos amigos, hoy son recursos para mirarse en el espejo ¿y pensar que está faltando? lo paradójico es que se necesita al otro para que admire lo logros conseguidos. Además los padres y madres tienen pocos hijos que son consentidos, que de grandes tienen poca tolerancia a la frustración y al compartir. Luego se busca un montón de sustancias opiáceas para hacer más soportable la existencia o viajes para distraer el malestar existencial.
Luego todo esto se traslada al plano político, donde las personas tienen apatía de reunirse a charlas sobre los problemas de la comuna, ya no se sabe como cruzar palabra con el otro, que se ofende fácilmente, tiene poca tolerancia y paciencia, pues las redes nos habitúan a tener todo en el momento y a compartir nuestro sesgo de confirmación. Además los medios de comunicación se encargaron de enseñar que la política es algo vil, para que pocos se animen a hacer carrera, los que les convenga. Por eso cada vez surgen dirigentes que toman decisiones sin la aprobación de las mayorías, o sin que esas mayorías entiendan lo que esos dirigentes están eligiendo por ellos.
Hay mucha tarea por hacer, pero primero hay que dejar las pantallas lejos.
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